Ir al contenido principal

Solo me dejé llevar...

Uno de mis amores vino una mañana sumamente agitado y un poco confuso, la verdad nunca le había visto así. Le ofrecí una sangría que recién había preparado y después de dos grandes sorbos, respiró profundo y  me dijo:
- Me quedé de ver con Claudio en un nuevo bar, pero al rato de estarlo esperando una llamada suya me dejó claro que no llegaría;
- de todas formas el negocio va, pero no puedo verte hoy, lo siento, me dijo a secas.


Ya me había tomado tres tragos, el bullicio típico de cantina de sábado por la tarde, decidí tomarme un par de tragos más y salir a buscar compañía femenina pero mi plan se alteró completamente. Sus ojos eran claros y bien formados, sus gestos parecían verse en cámara lenta, hablaba de una manera cadenciosa, un poco alto y un cuerpo bien moldeado, no atlético, no delgado, rostro cuidado y terso, delicado. Su camisa manga corta color kaki se ajustaba a la perfección y resaltaba dos cosas en esa figura que me llamaba poderosamente la atención; su cuello y sus bien formadas nalgas.

Mentalmente me preguntaba a mí mismo por qué aquel metrosexual me llamaba tanto la atención al punto de observarlo en cada uno de sus mínimos detalles. Yo un heterosexual que me gozo en el sexo con las mujeres estaba atraído y atrapado por una figura masculina que graciosamente me contaba como si fuésemos amigos del alma, sus actividades laborales, su afición por las motos, sus gustos en perfumes, su satisfacción dando clases de inglés a grupos desfavorecidos, las formas de preparar las pastas cargaditas de especies y las películas que le encantaban. El tiempo pasó junto con los tragos que cada vez estaban menos fuertes.

Cuando tocaba mi turno de conversación me ponía atención como si yo fuera lo único existente en el universo y asentía sonriente a cada una de mis expresiones verbales, eso yo muy pocas veces lo había experimentado en compañía de alguna amiga, me sentía muy bien con aquel sujeto que recién había conocido. De repente me dijo:
– me gustas mucho y quiero que lo hagamos.
Sentí que el aire abandonó mis pulmones y súbitamente mi frente y mis manos empezaron a sudar… no supe qué decir. Sandro se asustó un poco pero supo administrar el momento.
– Tranquilo Javier, todo está bien, salgamos a tomar un poco de aire… me dijo en tono bajo pero persuasivo.

El trayecto fue rápido, en el motel me tomé dos tragos dobles, me sentía como un colegial sin experiencia, de repente Sandro recién perfumado me invito a cerrar los ojos…

Ana Celia de mi amor, debo confesarte que nunca antes nadie me había hecho el sexo oral de aquella manera, tan delicada, tan rítmica. De repente sentía, primero la humedad y después el calorcito de aquella lengua que no cesaba de darme un placer que no había experimentado nunca. El recorrido era incesante, de abajo hacia arriba, de arriba hacia abajo, pero el mayor placer lo sentía cuando la lengua coronaba mi glande, en círculos, apretones con los labios y mordisqueo con los dientes, mi glande se hinchaba cada vez más y yo explotaba de placer, de repente sentí que mi pene había sido tragado por la profundidad de aquella boca y los labios carnosos de Sandro succionaban acompasadamente todo mi miembro cada vez con más vigor, con más fuerza, con más intensidad.  

En el recorrido de descenso, cuando lamía, besaba, mamaba mis testículos, la lengua húmeda y desafiante de Sandro se deslizó hasta mi ano, me lo apretujó con sus labios, forcejeó para introducirme su lengua, una vez, otra, otra ayyy que delicia… sentí una mezcla de cosquilleo, de ardor, de dolor, un verdadero placer que Sandro repetía y repetía hasta llevarme casi al desmayo. Cuando estaba completamente mojado, en éxtasis, me penetro. Primero fue una embestida descomunal pero después a medida que penetraba y sacaba, penetraba y sacaba el placer acudía constantemente a mí, ayyy que rico, que delicia.

Me puso en posición de perrito y la penetración fue mayor y sentí que a mayor penetración, mayor placer. Mientras me penetraba yo me acariciaba mi miembro, Ana Celia el placer que sentí no lo había sentido nunca, te lo repito. Sandro me tomo fuerte el pene y con tres enviones  me hizo derramar mi semen en su rostro y en su boca, cuando se cercioró que ya no salía más lo tomó y lo  empezó a lamer, a mamar… que enorme placer.
Nos abrazamos y dormitamos.

- Te vendrán pensamientos de culpa. Cuando eso suceda pensá en el placer que sentiste. Eso te servirá para reconocer tu sexualidad. No te condenés, no te flajeles, date un chanche, me dijo.

La verdad Ana Celia, desde aquel sábado no he dejado de pensar en aquella relación. Yo solo me dejé llevar. Esto fue lo que me contó mi estimado amigo Javier. Ahora está más tranquilo, él dice que indaga sobre su nueva opción sexual, será bisexual? Nos vemos muy pronto. Cuídense.

Ana Celia 

Comentarios